¿Qué ocurre durante el estado de flujo y cómo lo capturamos?

El «flow» no es la intensidad máxima, sino la eficiencia coordinada entre el cerebro y el cuerpo. Este artículo explica cómo surge el «flow» cuando el desafío y la habilidad se alinean, y cómo puede captarse mediante datos multimodales sincronizados —EEG, ECG, EDA y seguimiento ocular—, revelando una atención estable, una excitación equilibrada y un rendimiento sostenido.

¿Qué es el «estado de flujo»?

El estado de «flujo» suele describirse en términos de experiencia: estar «en la zona», perder la noción del tiempo, quedar totalmente absorto. El concepto, introducido por Mihaly Csikszentmihalyi (1975, 1990), ha sido ampliamente adoptado en ámbitos como la psicología, el deporte, la educación, la música y las disciplinas creativas. Sin embargo, como sabemos, las descripciones no son explicaciones.

Mujer en plena inspiración tocando el violonchelo

Si dejamos de lado la sensación que produce el flujo y nos centramos en cómo funciona, la pregunta se vuelve más precisa y mucho más interesante; es decir, ¿qué ocurre en el cuerpo y el cerebro cuando surge este estado, y cómo se puede observar?

Eficiencia colaborativa

De inmediato, muchos de nosotros pensaríamos que el «flujo» es algo que se mide en términos de intensidad. En realidad, tiene más sentido hablar de él como una forma de armonización. Varios sistemas internos convergen en torno a una única tarea. Los sistemas internos en cuestión son: el cognitivo, el fisiológico y el conductual. Cuando entras en un estado de flujo, tu atención se concentra, pero no mediante una supresión forzada del entorno, sino más bien estabilizándolo.

Tu cuerpo empieza a filtrar los estímulos irrelevantes con un mínimo esfuerzo, y la tarea acapara tu atención sin causarte una tensión significativa. Al mismo tiempo, la ejecución cambia y tus acciones empiezan a parecer automáticas, incluso cuando son objetivamente complejas (Dietrich, 2004). Esta colaboración entre sistemas da lugar a la paradoja característica del estado de flujo: consigues un alto rendimiento con un esfuerzo percibido reducido.

Pero, ¿cómo se llega a los estados de flujo? Las pruebas sugieren que tiene que ver con una ecuación bastante sencilla, que básicamente dice que, si se dan el nivel adecuado de habilidad y el nivel adecuado de desafío, se puede alcanzar el flujo (Csikszentmihalyi, 1975).

Esto solo ocurre dentro de un estrecho margen regulador. Si el desafío es demasiado bajo, el «sistema» se activa por debajo de lo necesario y es muy probable que la atención comience a dispersarse. Por otro lado, si el desafío es demasiado alto, la carga cognitiva aumentará, al igual que la variabilidad, lo que hará que las respuestas de estrés empiecen a predominar.

El «flow» se sitúa entre estos dos estados, no exactamente como un punto medio, sino como un intervalo estrictamente regulado en el que el nivel de activación es alto y la volatilidad es baja. Esta distinción es importante, ya que cada una de estas condiciones produce patrones fisiológicos diferentes (Alameda et al., 2022).

Los flujos de datos de comportamiento en Flow

Lo que observamos sistemáticamente en el estado de flujo no es una activación máxima, sino un estado de eficiencia coordinada. El sistema no está trabajando más intensamente, sino que simplemente funciona de forma sincronizada. Cuando se mide mediante iMotions, este patrón se hace visible en múltiples modalidades sincronizadas.

La actividad neuronal refleja este equilibrio, en el que se mantiene el control cognitivo sin llegar a la sobrecarga:

EEG: Aumento de la actividad theta frontal con ritmos alfa moderados en las regiones frontal y central, lo que refleja un control cognitivo sostenido sin una carga excesiva de la memoria de trabajo (Katahira et al., 2018).

La misma estructura coordinada se observa en el sistema nervioso autónomo, donde la activación y la regulación coexisten en lugar de competir entre sí:

ECG: Frecuencia cardíaca elevada pero controlada (Keller et al., 2011).

VAR: Variabilidad preservada, lo que indica un equilibrio entre la actividad simpática y parasimpática (Tozman et al., 2015).

La actividad electrodérmica sigue un patrón similar, sin la volatilidad asociada a las respuestas al estrés:

EDA/GSR: Excitación moderada y sostenida sin picos bruscos (Nacke y Lindley, 2008).

Desde el punto de vista conductual, esta sincronización interna se traduce en una interacción más estable y eficaz con el entorno. La atención deja de buscar y comienza a fijarse:

Seguimiento ocular: reducción de los movimientos sacádicos erráticos y patrones de mirada más uniformes (Harris et al., 2017).

Comportamiento de fijación: fijaciones más prolongadas y estables en los estímulos relevantes para la tarea (Harris et al., 2017).

En conjunto, estas señales no constituyen un único indicador del flujo, sino un patrón convergente que se hace visible cuando todas las modalidades se alinean en una línea temporal común (Knierim et al., 2024).

Deducir el flujo

Es aquí donde la medición debe pasar de la detección a la inferencia. Como se puede ver más arriba, el flujo no es una variable que pueda leerse directamente a partir de un único canal. Se trata de un estado que surge de la interacción de múltiples sistemas a lo largo del tiempo (Alameda et al., 2022).

Para captarlo, es necesario observar todas las señales conjuntamente y, lo que es más importante, sincronizarlas. Plataformas como iMotions Lab lo hacen posible al alinear los flujos de datos fisiológicos y conductuales en una línea temporal compartida. Sin esa alineación, resulta difícil distinguir entre coincidencia y coordinación. Con una solución de software específica, los patrones empezarán a hacerse evidentes.

Un periodo de mirada estable, excitación moderada y rendimiento constante empieza a tomar la forma de algo coherente, en lugar de algo fortuito. Una divergencia repentina, con un pico de excitación acompañado de patrones de atención más erráticos, indica una transición, no un ruido que deba filtrarse. De este modo, el flujo se convierte en algo que puede inferirse con cada vez más seguridad.

Para ir más allá de la inferencia, es necesario empezar a modelar los datos. Al combinar datos multimodales con experiencias relatadas por los propios usuarios, es posible entrenar a los sistemas para que reconozcan las configuraciones asociadas al flujo (Knierim et al., 2024). Con el tiempo, la detección irá acercándose inevitablemente al tiempo real. Así, el componente subjetivo no desaparece, sino que queda anclado a patrones observables que pueden extrapolarse y universalizarse.

El flujo: cómo lo capturamos

Por lo tanto, lo que ocurre en el flujo no es un aumento repentino de la intensidad, sino una transición hacia un estado interno de coordinación. El control cognitivo se estabiliza, los sistemas fisiológicos regulan los estímulos externos en lugar de reaccionar ante ellos, y el comportamiento de la atención se vuelve más coherente y eficiente. El sistema, en su conjunto, entra en un estado en el que el rendimiento puede mantenerse sin esfuerzo innecesario (Csikszentmihalyi, 1990).

Podría resultar útil considerar el flujo como un conjunto de reacciones que, por lo tanto, no puede reducirse a una sola señal o métrica. Más bien, surge a través de diversas señales, por lo que debe medirse teniendo en cuenta todas ellas. Al combinar modalidades como el EEG, el ECG, la EDA y el seguimiento ocular, y alinearlas en una línea temporal común, es posible observar cómo evolucionan conjuntamente la atención, la excitación y la cognición.

Lo que captas no es el «flujo» como variable aislada, sino las condiciones en las que surge, se estabiliza y se rompe.

Esa distinción es lo que convierte el flujo de una experiencia subjetiva en algo que puede analizarse, compararse y, en última instancia, aplicarse.


Referencias

Alameda, C., Sanabria, D. y Ciria, L. F. (2022). El cerebro en estado de flujo: una revisión sistemática sobre las bases neuronales del estado de flujo. Cortex, 154, 348-364. https://doi.org/10.1016/j.cortex.2022.06.005

Csikszentmihalyi, M. (1975). Más allá del aburrimiento y la ansiedad: la experiencia del flujo en el trabajo y el juego. Jossey-Bass.

Csikszentmihalyi, M. (1990). Flow: La psicología de la experiencia óptima. Harper & Row.

Dietrich, A. (2004). Mecanismos neurocognitivos subyacentes a la experiencia del flujo. Consciousness and Cognition, 13(4), 746–761. https://doi.org/10.1016/j.concog.2004.07.002

Harris, D. J., Vine, S. J. y Wilson, M. R. (2017). El flujo y el «ojo tranquilo»: el papel del control atencional en la experiencia del flujo. Cognitive Processing, 18(3), 343-347. https://doi.org/10.1007/s10339-017-0794-9

Katahira, K., Yamazaki, Y., Yamaoka, C., Ozaki, H., Nakagawa, S. y Nagata, N. (2018). Correlatos EEG del estado de flujo: una combinación de aumento del ritmo theta frontal y del ritmo alfa frontocentral moderado en la tarea de cálculo mental. Frontiers in Psychology, 9, artículo 300. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.00300

Keller, J., Bless, H., Blomann, F. y Kleinböhl, D. (2011). Aspectos fisiológicos de las experiencias de flujo: efectos de la compatibilidad entre habilidades y exigencia sobre la variabilidad de la frecuencia cardíaca y el cortisol salival. Journal of Experimental Social Psychology, 47(4), 849–852. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2011.02.004

Knierim, M. T., Berger, C. y Reali, P. (2024). Un marco para los experimentos neurofisiológicos sobre los estados de flujo. Communications Psychology, 2, artículo 49. https://doi.org/10.1038/s44271-024-00115-3

Nacke, L., y Lindley, C. A. (2008). Flujo e inmersión en los videojuegos de disparos en primera persona: medición de la experiencia de juego del jugador. En Actas de la Conferencia de 2008 sobre Future Play: Investigación, Juego, Compartir (pp. 81–88). Asociación para la Maquinaria Computacional. https://doi.org/10.1145/1496984.1496998

Tozman, T., Magdas, E. S., MacDougall, H. G. y Vollmeyer, R. (2015). Comprensión de la psicofisiología del flujo: un experimento con simulador de conducción para investigar la relación entre el flujo y la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Computers in Human Behavior, 52, 408-418. https://doi.org/10.1016/j.chb.2015.06.023


Get Richer Data

About the author


See what is next in human behavior research

Follow our newsletter to get the latest insights and events send to your inbox.